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La Ley de Karma.

 

Contenidos:

1. ¿Caos o Cosmos?

2. La Ley de Karma

3. El efecto está contenido en la causa

4. Karma colectivo

5. Clases de Karma

6. Niveles de acción del Karma

7. La cesación del Karma

8. La actitud en la vida diaria

 

 

1. ¿Caos o Cosmos?

Para los Griegos, el Caos era una agrupación de cosas desorganizadas, realmente desvinculadas unas de otras, en contraposición al Cosmos el cual implica un conjunto de entidades interrelacionadas en un orden armonioso.

Gracias al conocimiento de la física sabemos que en el plano material del Universo en que vivimos existen leyes que rigen todo movimiento y actividad; y por esta razón se le denomina “Cosmos”. A pesar de que muchos movimientos parezcan caóticos, hay un orden detrás de todas las cosas y la mayoría de estos movimientos pueden ser predichos precisamente por estar basados en leyes, algunas de las cuales fueron enunciadas por Newton. Pero ¿existen leyes que estén enmarcando no sólo los movimientos materiales sino también los acontecimientos de la vida de las personas? ¿o estos –en contraposición a lo que se aprecia en el plano físico de la existencia– son azarosos, caóticos, y sin un objetivo?

¿Por qué nacen algunos ricos y otros pobres; algunos con mucho poder que sólo emplean para corromper, degradar y depravar a otros; en tanto que personas pobres pero muy dignas, luchan sin conseguir ayuda? ¿Por qué nacen algunos dotados de belleza y de salud corporal y mental, en tanto que otros infelices carecen de esos dones; algunos con un carácter pleno de nobleza, y otros brutales, con propensión al crimen; algunos que atraviesan esta vida como por un sendero cubierto de rosas, en tanto que otros lo hacen por un escarpado camino de fracasos y desgracias, con el corazón sangrando y lleno de desesperación? ¿Por qué algunos llegan a una plácida vejez y otros apenas viven un momento, pues mueren en la infancia?

¿Están estas circunstancias determinadas por lo que puede llamarse suerte o destino? ¿Son producto de la inescrutable y aparentemente caprichosa voluntad de una deidad? ¿o bien existe una ley que mantiene el orden y la justicia del universo como un todo?

 

2. La Ley de Karma

En la mayoría de las filosofías religiosas de las distintas culturas siempre estuvo presente el concepto de que todas las cosas estaban de algún modo reguladas por algo superior. De acuerdo a la madurez de dicha cultura este concepto se expuso con mayor o menor profundidad. En la India, probablemente uno de los pueblos con mayor vuelo filosófico y metafísico, se postulaba que el equilibrio era mantenido por una ley que se denominaba “Karma”. La palabra karma es un vocablo del idioma sánskrito que significa “acción”; sin embargo tiene un significado mucho más amplio cuando se lo utiliza para hacer referencia a aquella ley universal de justicia retributiva, la ley que balancea la causa con el efecto.

“Lo que el hombre siembre, eso cosechará”, decía Jesús, y también: “Según con la vara que midieran, serán medidos”. Pero estas declaraciones derivaron en las religiones cristianas en el concepto de premio y castigo por parte de la Divinidad, concepto que es erróneo desde varios aspectos.

En primer lugar, Karma no es una entidad sino una ley operativa universal que tiende a restablecer la armonía y el equilibrio perturbados, tanto en el mundo físico como en el moral. Dice la señora Blavatsky en su libro “La Clave de la Teosofía”:

“Karma es la ley infalible que ajusta el efecto a la causa, en los planos físicos, mental y espiritual del ser. Como ninguna causa deja de producir su debido efecto, desde la más grande hasta la más pequeña, desde la perturbación cósmica hasta el movimiento de nuestras manos, y como lo semejante produce lo semejante, Karma es aquella ley invisible y desconocida que ajusta sabia, inteligente y equitativamente cada efecto a su causa, haciendo llegar a éste hasta su productor.”

El párrafo anterior señala brevemente el funcionamiento de esta ley. Nada que suceda puede estar desconectado de una causa previa, y nada de lo que hagamos quedará sin producir un efecto. Pero debemos hacer notar que no sólo la puesta en movimiento de fuerzas físicas generan sus reacciones iguales y en dirección contraria como plantea Newton: las actividades mentales, emocionales, y espirituales también están regidas por este principio de acción y reacción, que actúa generando efectos de la misma naturaleza sobre aquello que produjo la causa. Cada acto, palabra o pensamiento produce su consecuencia, que más tarde o más temprano se ha de manifestar; y ese efecto puede convertirse a su vez en una nueva causa que generará ciertos resultados. Así pues, las malas acciones engendrarán malas consecuencias y las buenas darán buenos resultados.

Pero es importante tener presente que la Ley de Karma es una ley natural y no una regulación artificial establecida por una entidad externa que juzgue y premie o castigue. “El fuego quema, y si usted pone las manos en el fuego se dañará”, no es un mandamiento para ser cumplido ni establece una pena a quien no lo respeta, sino que es el enunciado de un hecho natural y de las consecuencias que tienen ciertas acciones en relación con esto. Tal vez para tener una visión correcta de esta cuestión debamos primero comprender que causa y efecto no son cosas distintas.

 

3. El efecto está contenido en la causa

Como decíamos, existe un concepto erróneo en torno de la “Justicia Divina”, y es el de que cuando uno hace algo hay alguien externo que evalúa de algún modo la acción y envía el efecto merecido. Pero esto hace interpretar de un modo antropomórfico la Ley de Karma. Lo importante a tener en cuenta aquí es que causa y efecto no son dos cosas distintas, y por lo tanto no hay nadie que deba manipularlas.

Para comprenderlo echaremos mano de algunos ejemplos: Si alguien arroja una piedra hacia arriba, es obvio que ésta caerá y lo golpeará, por el mero hecho de que hay una ley natural, impersonal –llamada “ley de gravedad”– que determina que todos los cuerpos tiendan a caer hacia el centro de la tierra. Pero si esta persona desconociera la existencia de la ley de gravedad, podría interpretar el hecho como un enojo de los dioses por haberles arrojado la piedra, quienes, como castigo, respondieron a su vez con otro piedrazo. Y si tuviéramos que explicarle a esta persona por qué le cayó la piedra, le diríamos que no hay tales dioses enojados, que no se trata de un castigo, sino que el golpe que recibió fue producto de su propia imprudencia y de su desconocimiento de ciertas leyes físicas.

Éste es un ejemplo hipotético que grafica la actitud de gran parte de la humanidad actual cuando culpamos al medio ambiente o a las personas que nos rodean, por cosas que nosotros mismos causamos como producto de una actitud inadecuada. Pero tomemos otro ejemplo, del orden psicológico, que puede ilustrar mejor este punto.

Supongamos una persona muy egoísta. Podríamos decir que “kármicamente” este individuo generará situaciones en que sufrirá el egoísmo de los demás y experimentará amargura y soledad (puesto que el egoísmo se sostiene en una actitud de autoencierro), etc. Veamos por qué es esto.

La persona egoísta es así porque cree que el mundo es un lugar peligroso, donde cada uno debe luchar por lo que quiere y evitar que lo pasen por arriba, porque nadie le va a regalar nada; como cada un lucha por lo suyo, entonces siempre está el peligro de que otro tome lo que él quiere. Este concepto lo lleva a tener ciertas actitudes y relaciones con las personas, y también a percibir las intenciones de quienes le rodean desde ese trasfondo suspicaz; es un hecho psicológico bien conocido el que la persona interpreta el mundo y las acciones de los demás desde sus propios condicionamientos. Y aquí podemos ver un primer par de causa y efecto: el mero hecho de ser egoísta hace que la persona sufra miedos (muchas veces imaginarios) de que los demás se aprovechen de él, lo cual le impide tener un vida tranquila y feliz.

Pero esto no termina aquí, porque otra cosa que sucede es que las personas que no tienen esa actitud tan egoísta no se querrán asociar con él (como amigos o en cualquier círculo de relaciones) y probablemente la misma persona rechazará también a tales “no-egoístas” diciendo que son unos ineptos, “ya que con esa actitud no triunfarán en la vida, etc., etc”. Por el contrario, nuestro individuo se rodeará con personas afines, con las que coincide en su forma de ver, es decir, con aquellas personas que también son egoístas. Y entonces aparece otro efecto: la persona se rodea de egoístas que, por supuesto, tendrán ese tipo de actitudes para con él, y por lo tanto se verá inmerso en situaciones donde sufra el egoísmo de los demás. Además, es probable que en momentos de necesidad no reciba ayuda de los otros porque las personas no tan egoístas ya se alejaron de él o las que no pudieron hacerlo, no encuentran motivos para ayudarlo. El egoísta se queda entonces solo. Corolario: quien es egoísta genera un “karma” que lo llevará a sufrir en carne propia ese egoísmo y la soledad.

Lo importante a ver aquí es que no hubo nada externo que artificialmente le “designara” al individuo determinadas situaciones como respuesta a su actitud, sino que su misma forma de ser hace que él se genere ambientes, personas y circunstancias afines. Esto nos ilustra cómo la causa y el efecto son lo mismo, es decir, uno es la extensión de la otra.

Si bien podemos explicar esto en los niveles observables (es decir, físico o psicológico) existen también causas y efectos en niveles metafísicos que no son percibidos por nosotros; sin embargo el hecho de que nazcamos en determinada familia, país, situación económica, con ciertas capacidades o defectos, o que nos ocurran ciertos hechos “fortuitos”, responden también a nuestra naturaleza; hemos producido todo esto y por eso nos vemos envueltos en las situaciones actuales, pero no como un castigo, sino como un efecto natural de lo que somos.

Pero no debemos perder de vista que los efectos que se producen por el accionar de una persona son muy complejos. Los ejemplos que se dieron son simplificaciones ya que un ser humano es un conjunto de acciones divergentes, pues nadie es totalmente egoísta, o justo, o iracundo, etc., y todas las fuerzas emanadas van generando en conjunto un resultado final y global difícil, si no imposible, de predecir.

 

4. Karma colectivo

Según esto, todos los males sociales, los problemas en las vidas de las personas como así también sus oportunidades responden a lo que llamamos Karma. Sin embargo como veíamos, sus efectos no pueden definirse tan estrictamente como para decir que cada pequeño hecho que le acontece a una persona fue producido previamente en forma individual. No debemos perder de vista que cada átomo está sujeto a la ley general que rige todo el cuerpo del que forma parte. Existe algo que se denomina “Karma colectivo” y que tiene una constante influencia sobre el conjunto.

La sensación de que estamos separados y somos entidades independientes está basada en una ilusión. Observando la vida podemos fácilmente descubrir esto; sabemos que todos compartimos el planeta, y que cuando una nación contamina, poluciona el mundo de todos, y el efecto será sufrido no sólo por quienes cometieron tal acción. O también podemos ejemplificar el grado de interrelación que tenemos con los demás, al notar que los estados anímicos individuales en dos personas que viven juntas, no responden sólo a lo que sucede dentro de cada uno en forma aislada: si una de las personas se encuentra deprimida, sin duda eso afectará a su compañero, aunque éste no tuviera motivos “propios” para sentirse mal. Cada persona es afectada en su sentir y pensar por el medio que la rodea.

La interrelación es pues inevitable, porque vivimos en un universo que conforma una unidad, más allá de la aparente separación que percibimos. “No puedes arrancar una flor sin perturbar una estrella”, decía el inspirado poeta, algo que tiene mucho parentesco con la actual “Teoría del Caos” científica. Un exhaustivo análisis en el plano material nos demuestra la profunda unión que existe entre quienes habitamos el planeta, pero en los aspectos más sutiles del ser humano el grado de unidad es aún mayor, y las momentáneas separaciones en las que cae el Alma Universal al encarnar, no existen como realidades en los planos internos. Entonces, así como los sentimientos de los demás afectan mi propio sentir, del mismo modo existe un karma colectivo que incide sobre mi karma individual. El agregado de Karma individual se convierte en el de la nación a la que esos individuos pertenecen, y la suma total de Karma nacional es el Karma del Mundo. La ley de Karma entonces, no es sólo una ley individual puesto que si no tuviera una más amplia esfera de acción sería imposible que pudiera ser una perfecta balanza en la vida y en el progreso del mundo.

Pero por otro lado la solidaridad que surge de comprender profundamente la mutua dependencia de la Humanidad, ofrece una solución a la gran cuestión del sufrimiento colectivo y de su alivio. La Sra. Blavatsky, haciendo referencia a este tema, decía:

“Una Ley oculta enseña que ningún hombre puede sobreponerse a sus defectos individuales sin elevar, por muy poco que sea, a toda la corporación de la que es parte integrante. Pero tampoco nadie puede pecar y sufrir solo los efectos de su pecado. La separación no existe en realidad”.

Esto da una gran oportunidad al conjunto de seres humanos a través de la acción de cada individuo. Muchas veces se escucha decir “cómo puedo cambiar algo yo, si el medio tiende hacia otra dirección”. Pues tenemos un enorme poder en cada uno, porque cada vez que el egoísmo, la ignorancia, la corrupción son derrotados en nuestro interior, están siendo derrotados fuera; pero también, cada vez que participamos en pequeños actos de corrupción, o egoísmo, o agresión, estamos siendo partícipes y alimentando lo que sucede a nivel conjunto.

Ahora bien, hay algo muy importante a tener en cuenta, que en este momento mencionaremos sólo como un enunciado, es que el karma generado en los planos más sutiles es mucho más fuerte que el de los planos concretos, o dicho en otras palabras, una acción verdaderamente espiritual que tiene lugar en nosotros en un momento dado, tiene mucho más poder que la suma de varios individuos accionando en niveles egoístas. Pero todo esto vamos a examinarlo en un próximo apartado.

 

5. Clases de Karma

Para comprender más profundamente la acción del Karma y los procesos de evolución debemos considerar la posibilidad de que el ser humano tenga múltiples existencias, ya como hombre o como mujer, como oriental u occidental, como rico o pobre... Todo esto se verá en detalle cuando hablemos sobre la reencarnación; pero el hecho que nos compete ahora es que durante su vida una persona produce una gran serie de causas, muchas de ellas contradictorias o que no pueden expresarse inmediatamente ya que requieren condiciones físicas distintas a las actuales: otro sexo, otra cultura, etc. Por esta razón, el Karma se ha clasificado en tres clases, que se denominan en sánskrito:

- Sanchita: es el Karma acumulado durante las vidas anteriores de una persona y que no se ha materializado en la presente. Las causas quedan “suspendidas” mientras se van generando las condiciones apropiadas para su manifestación.

- Prarabdha: el Karma maduro, es decir aquél que se manifestará a lo largo de la vida actual. Esto es lo que usualmente se denomina “el destino” de una persona y es sólo una porción del karma generado en las encarnaciones pasadas.

- Kriyamana: es el Karma que se está generando en la presente encarnación y que se acumula para manifestarse o no en la próxima vida, según el caso.

El Prarabdha karma condiciona las acciones de una persona, pero hay prarabdha de distinto tipo. Por ejemplo, el sexo con que nace una persona es algo que la condiciona en muchas cuestiones de una manera inevitable; en este sentido el prarabdha es fijo. Hay otras causas que pueden ser cambiadas a través del esfuerzo personal, aunque a veces no se lo logra, como por ejemplo ciertos condicionamientos culturales o familiares; éstas son causas semi-mutables. Y hay otra serie de circunstancias que son fácilmente modificables porque son de poca profundidad.

Enmarcado en estas diversas situaciones el hombre va madurando como alma, de modo que cada vez le restan menos lecciones para aprender. Es así que con el tiempo va descubriendo cómo vivir sin generar más causas que lo obligan a renacer para saldarlas en una nueva vida. Cuando esto sucede, el alma ha culminado su etapa evolutiva como ser humano y se libera de la rueda de encarnaciones y muertes. Esto se verá en detalle más adelante.

 

6. Niveles de acción del Karma

Como venimos viendo, existen distintos tipos de acciones además de la física. Existe una acción emocional, una acción mental, y una acción que podríamos denominar espiritual. Tal vez por esta razón Jesús ha dicho: “Quien mire codiciosamente a una mujer ya ha cometido adulterio en su corazón” y “aquél que odia a su hermano es un asesino”.

Toda acción desarrollada en el plano material genera causas correspondientes que se manifestarán en ese plano. Pero junto a la acción física se están poniendo en juego acciones emocionales y mentales, las cuales generarán en forma independiente sus propias causas en cada nivel. Pongamos un ejemplo: Alguien dona plata para construir un hospital; pero su intención interna no es el altruismo sino el reconocimiento general, o el conseguir cierto cargo político. Ese karma madurará en su próxima encarnación proveyéndole oportunidades monetarias, ya que él generó esas causas con su donación; sin embargo el motivo interno fue egoísta y por lo tanto, esa plata no le hará feliz sino que le producirá problemas y lo rodeará de personas que traten de sacar provecho de su relación con él. El karma actuó de un modo diferenciado en cada nivel. Si ésta persona hubiera donado la plata por un sentimiento de humanitarismo, en su próxima encarnación tendría el dinero más un medio y un carácter adecuado que le permitiera ser feliz.

Con un poco de reflexión podemos darnos cuenta que, si bien todo influye, es mucho más determinante para la felicidad de una persona su estado interno que el externo. No es de extrañar que muchos individuos con grandes riquezas y fama sean depresivos y con problemas de relación, y no se consideren dichosos, en tanto que otras personas son felices más allá de las circunstancias externas. En términos generales podríamos decir que:

- El conjunto de pensamientos genera el carácter

- Los deseos atraen los objetos o situaciones y crean las oportunidades

- Las acciones crean las condiciones del medio ambiente.

Pero hay un punto más para tener en cuenta, y es lo que nos había quedado pendiente sobre la “acción espiritual”. En el ser humano, como se vio en el curso, existen varias dimensiones del Ser. Además de los cuerpos físico, emocional y mental, existen principios espirituales que en sánskrito se denominan Atma y Buddhi. En la medida en que Buddhi empieza a ser operativo (como consecuencia de llevar un modo apropiado de vida) e ilumina la actividad de los principios inferiores, va ocurriendo una transformación en la persona, y una conciencia inegoísta y equilibrada comienza a tener lugar en las actividades de dicho individuo. Esta actividad, esta acción genuinamente espiritual, tiene un gran poder, como H. P. Blavatsky escribió en un artículo:

“Una cantidad dada de energía utilizada en el plano mental o en el astral es productora de muchos mayores resultados que la misma cantidad utilizada en el plano físico objetivo de la existencia. Similarmente los efectos últimos de energía espiritual son infinitamente más grandes que aquellos de energía intelectual”.

Esto nos dice al menos dos cosas: En primer lugar que es muy importante el motivo de la acción. Si realizamos un servicio, eso es bueno en cierto nivel, no hay por qué dudarlo, pero desde dónde sale el servicio puede tener efectos mucho más importantes aunque no los percibamos, y que arruine o potencie la obra externa. En general la mayoría de nosotros somos educados para prestar atención a la acción, pero no hay una auto-observación que perciba los movimientos más internos que suceden en nosotros y que son, en última instancia, más poderosos que la mera actividad física. Es necesario entonces empezar a vivir de un modo atento para percibir ese universo que está nuestro interior y desarrollar un correcto conocimiento de sí mismo, y para aprender a percibir no sólo la acción sino el estado de la mente desde la que se actúa, teniendo en cuenta que el resultado de la acción dependerá en gran parte del verdadero motivo que la impulsa.

Pero la segunda cuestión que aparece es la posibilidad que tiene cada individuo de ayudar a la elevación de la humanidad. No importa qué tantas personas estén inmersas en el error, si de verdad cada uno de nosotros podemos tocar los niveles espirituales del Ser estaremos produciendo un efecto benéfico de gran alcance; y éste es un poder que tenemos todos. No necesitamos tener cargos o puestos de responsabilidad, ni ser conocidos, ni tener dinero. La transformación propia eleva un poco a toda la humanidad. Es por eso muy importante que aprendamos qué es la vida espiritual y cómo debe ser vivida en las situaciones cotidianas, para el beneficio del conjunto de los seres.

 

7. La cesación del Karma

Estamos llegando a uno de los últimos puntos a considerar. En un sentido estricto, el karma sigue operando en los distintos niveles de evolución, de maneras diversas, pero aquí hablaremos de la cesación del karma que mantiene al alma en la etapa humana.

El karma, tal como se manifiesta en nosotros, tiene su base de acción en el ‘yo’, en la ilusión de la separatividad. Cuando un rayo de la conciencia universal de confunde con sus vehículos de conciencia y cae en la falsa noción de que es un ser separado, entonces desde ese centro emanan una serie de acciones condicionadas que deben volver a su productor. Pero si con nuestra forma de vivir estamos continuamente generando nuevas causas que se seguirán acumulando, no concluiremos jamás nuestro periplo de vida en vida. ¿Cómo podemos dejar de generar nuevo karma? La Sra. Blavatsky nos da una pista muy interesante. Ella dice:

“Hay una tendencia, en cada esfera de la naturaleza, de un acto a repetirse a sí mismo; de este modo, el karma adquirido en el último nacimiento precedente está siempre intentando forjar nuevos eslabones en la cadena y por medio de ello conducir a una existencia material continua; y esta tendencia sólo puede ser contrarrestada por la realización inegoísta de todos los deberes pertenecientes al ambiente en el cual una persona nace”.

Aquí aparece el concepto del trabajar con abnegación y de un modo inegoísta, aceptando todas las situaciones que nos ocurran y tratando de realizar lo mejor en cada caso. Si toda circunstancia es justa, entonces es una oportunidad para aprender algo. Cada cosa que nos sucede fue producido por un aspecto que vive en nosotros, por lo tanto la situación externa es un indicador de algo no resuelto. La aceptación (que dista mucho de ser resignación) de las cosas que nos suceden y el reconocimiento de su justicia nos capacita para dejar de verlas en términos de “buenas” o “malas” según nos agraden o no, y comenzar a percibir la vida desde otro punto de vista. Entonces se hace realidad en nosotros la declaración  que encontramos en el libro “Luz en el Sendero”, que dice: “Nadie es tu amigo, nadie es tu enemigo: todos son igualmente tus maestros”.

Cuando empezamos a caminar junto a la Vida y no a luchar contra ella, cuando empezamos a mirar y observar, y reconocemos el orden que tienen los acontecimientos que vivimos, va surgiendo un sentido de libertad y confianza. Al mismo tiempo, uno empieza a sentirse unificado con eso que llamamos vida, y ya no somos la entidad separada que siente un vacío interno y que está en constante lucha para torcer las situaciones hacia lo que le es agradable. El vivir mismo se convierte en una aventura y recién entonces se abre la posibilidad de que empecemos a ver el valor de cada situación. Podemos entonces comenzar a trabajar de un modo inegoísta, aprendiendo de todo, sin buscar nada en especial, porque descubrimos lo especial que es en sí mismo el vivir, y como toda acción empieza a basarse en lo que se debe hacer más que en lo que “yo” quiero, entonces las causas ya no parten de un centro egoísta y por lo tanto no tienen a donde retornar. Se comenzado el camino de la cesación del karma.

El inegoísmo pues, es la clave. No es la búsqueda de la felicidad propia o de la salvación personal, no es la especulación ni la generación de buen karma lo que nos libera. Es la creciente percepción de la ilusión de la separatividad y el consecuente florecimiento del amor, lo que hace que el ser humano trascienda su etapa.

 

8. La actitud en la vida diaria

De todo lo dicho podemos descubrir una serie de actitudes que pueden modificar nuestra forma de vivir. Como existe una justicia perfecta, la queja o el depositar culpas afuera no tiene sentido. Es probable que una persona cometa una acción incorrecta con respecto a mí, pero eso fue generado por uno mismo. La actitud adecuada sería la de aceptar humildemente la situación, tratar de resolverla como sea justo para todos, pero por sobre todo aprender qué cosas reaccionan en uno, ver qué puede estar en mí generando esto que estoy viviendo. Ley de Karma entonces es una ley educativa, al par que de justicia. Pero también lo es de responsabilidad, porque recordemos que todas nuestras acciones afectan a la humanidad entera, lo cual nos da a su vez la oportunidad de colaborar de una forma importante en la evolución de todos, a través de una verdadera transformación propia.

Por otro lado comprendemos que podemos tener una absoluta confianza en la vida. Cada cosa que sucede tiene un orden y un sentido, y todos nuestros esfuerzos por madurar tendrán sus resultados inequívocos. Es cierto que nadie nos puede regalar nada, que nadie puede anular las causas que pusimos en acción, pero tampoco puede alguien demorar aquello que ganamos por trabajar en la correcta dirección. Por lo tanto nada hay que pedir ya que todo aquello que merezcamos nos será “dado”. Por esta razón Jesús aconsejaba a ser “como los lirios del campo” cuando exhortaba a sus discípulos a vivir el presente de un modo correcto y responsable, sin preocuparse por el futuro, puesto que éste es un universo de orden. Nuestro deber es hacer las cosas del mejor modo posible ahora y depositar confiados los resultados en manos de la Justicia Universal.

Pero por sobre todas las cosas, el tener conciencia de esta Ley nos induce hacia la auto-observación y el conocimiento de sí mismo, para empezar a comprender por qué somos como somos y por qué nos acontecen las diversas situaciones. Nos lleva a sentirnos integrados con el Todo y a desafiar los férreos límites en los que se sumerge la conciencia, dando espacio al surgimiento del altruismo. Y nos señala el camino hacia el cual marchar para cumplir con la etapa humana y ayudar así a otros a transitar este sendero.