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Algunas enseñanzas que Radhaji dio... sin querer

 

 

[Relato de algunas anécdotas que vivimos en la visita a la Argentina que hizo la Sra. Radha Burnier, Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica, en abril de 2004].

 

 

La Sra. Radha Burnier y Terezinha Kind (Presidente de la Federación Teosófica Interamericana, quien la acompañó en la gira americana) llegaron al departamento donde se iban a alojar. Entonces les explicamos cómo habíamos organizado todo. Le dijimos a Radha en inglés:

“Ustedes van a dormir acá. Por la mañana vendremos a la hora que dispongan y les prepararemos el desayuno. Luego iremos a la Casa de la Sociedad Teosófica donde se desarrollarán las actividades, y al mediodía comeremos en la casa de Nelly, que está aquí a dos cuadras...”

Permanecimos unos instantes en silencio y como Radha nos miraba atentamente, sin hacer un gesto, pensamos que no nos habría entendido el inglés. Entonces volvimos a repetir la frase, ante lo que Radha permaneció con la misma actitud. Naturalmente le preguntamos si nos había entendido, y ella dijo:

“Oh, sí. Dormiré aquí, ustedes vendrán por la mañana a preparar el desayuno, y al mediodía iremos a almorzar a la casa de otra persona”.

 

Unos días después ella hablaba en una charla de cómo nuestra mente está internamente en constante movimiento, verbalizando todo lo que ve, contestando internamente a todo, y haciendo comentarios y juicios constantes. Nunca había un escuchar puro, sin movimiento, en completa atención.

 

 

Luego de los 3 días de actividades en la ciudad de Rosario, las cuales habían incluido una Conferencia Pública en un salón céntrico que estuvo prácticamente lleno, un miembro le preguntó si el trabajo en Rosario había cubierto sus expectativas.

Radha respondió simplemente: “Nunca tengo expectativas”.

 

 

En el aeropuerto de Buenos Aires, acompañada hasta allí por algunos miembros de la ST, Radha y Terezinha se disponían a tomar el avión para ir hacia San Rafael, donde ese mismo día Radha tenía que dar una Conferencia Pública en el salón del Concejo Deliberante.

Cuando Terezinha presenta los dos pasajes que tenía en su poder, a punto de embarcarse, descubren que al pasaje de Radha se le había extraviado un talón y les comunicaron que Radha no podría abordar el avión.

Terezinha y los miembros que la acompañaban naturalmente se preocuparon ante esa situación y comenzaron a buscar por todos lados el talón, mientras alguien trataba de explicar en el aeropuerto que la Sra. Radha tenía que dar una conferencia, que ya estaba hecha toda la publicidad, que venía desde la India y no podían decirle a la gente que otro iba a dar la conferencia, y cosas por el estilo. Pero no había caso, no podría abordar el avión a menos que encontraran el talón. Afortunadamente en medio de todo el revuelo se acercó una persona (desconocida) que había encontrado el talón en el piso y se los alcanzó.

Lo que todos notaron una vez que la situación se resolvió, es que Radha se había mantenido en calma, imperturbable, en medio de esa situación, simplemente mirando... sin agitación, preocupación, ni resistencia.

 

 

Los jóvenes miembros de la ST en Argentina habíamos hecho unas remeras con el Emblema de la ST para venderlas y juntar fondos para desarrollar las actividades teosóficas. Cuando ella se enteró de las remeras, nos dijo que ella nos compraría una para su chofer en Adyar. Unos meses antes había estado en el Centro Teosófico el Dr. John Algeo, Vicepresidente de la ST, y a él le habíamos regalado una d esas remeras en agradecimiento al trabajo que había desarrollado.

Cuando le dimos la remera a Radha, pensamos en que sería mejor obsequiársela, entonces le dijimos que no se la cobraríamos, que era un regalo. Pero ella se negó. Volvimos a insistir pero no había caso.

Entonces le dijimos que la aceptara, que en el verano le habíamos regalado un a John y queríamos regalarle también a ella. Entonces Radha nos contestó con un liso y llano: “No hagan comparaciones”.

 

Eso nos ayudó a tomar conciencia de cómo la mente está siempre comparando; nunca se queda con el momento presente, como una cosa única. Pero además, ese hábito de comparar es la base para la ambición, la competencia, la envidia, y el odio... todo lo cual está destruyendo al mundo y a las relaciones. ¿Puede la mente permanecer libre de esa actividad?

 

 

El primer día que estuvimos en San Rafael, Radha dio una charla en la que habló de la Unidad de la Vida manifestándose en todas las criaturas por igual, y que debíamos desarrollar aquella sensibilidad que nos permite captar esa Vida que está por detrás de toda forma...

 

Una noche, al finalizar la cena, Radha se levantó y se dispuso a ir a su habitación. Como afuera estaba oscuro, permanecí mirando a través de las puertas de vidrio del comedor cómo caminaba hacia el Ala de las habitaciones, para cerciorarme que no tendría inconvenientes.

Apenas salió del comedor, un par de perros vagabundos –muy amigables– que vienen al predio del Centro Teosófico de San Rafael cuando hay actividades, se le acercaron y ella se agachó moviendo las manos.

Yo pensé que no la estaban dejando avanzar y salí para espantarlos. Pero ella en realidad los estaba acariciando, y al verme me dijo:

– ¡No, no! No los espantes. Ellos sólo están hambrientos.

Permaneció en silencio mirándolos con un sonrisa y me dijo:

Andá a buscarle unos panes al comedor.

Entré y agarré dos rodajas, una para cada uno. Llegué, se las di, y los perritos las que comieron ávidamente. Entonces ella, con una sonrisa de niño, me dijo:

– ¡Andá a buscarle más panes!.

Fui, agarré dos rodajas para cada uno y volví a salir, ahora junto a Juliana (mi novia, que era la traductora de Radha) quien había visto lo que pasaba. Les dimos ambas rodajas a cada uno y luego de comerlas, se quedaron sentados, tranquilos, moviendo su cola... Entonces Radha dijo:

– ¡Miren que contentos se los ve, ahora que han comido! Debe ser duro para ellos ver como todos están comiendo mientras ellos tienen hambre. Entonces nos preguntó qué pasaba con los perros cuando las actividades terminaban, y si el Centro Teosófico no podía adoptarlos, y cosas por el estilo.

Su actitud con los perros fue extraña, no como la de una persona a la que les gustan los perros como mascotas, como una posesión o un gusto personal, sino que realmente parecía estar interesada por esas expresiones de la Vida Universal, con un profundo sentido de respeto y cariño.